quizás Gabriela Mistral y Alejandra Pizarnik,
conocían de nuestro infumable mundo,
de nuestro mundo de cenizas huérfanas,
de nuestros deseos de supervivencia.
Comparto uno que otro punzante abismo,
el recuerdo de su sonrisa inalienable
Prefiero la sinceridad en las palabras
porque el dolor de las mentiras,
nos duele y nos quema,
Endriagos viejos con caminos fértiles
de sus gestos de amiga y compañera
que hace de sus líneas un gran poema,
a ella dedico estas letras
que no tratan de buscarle,
más bien dejar su huella, en lo que ya conocí
en los versos que gobiernan.
Prefiero la sinceridad en las palabras
porque el dolor de las mentiras,
nos duele y nos quema,
nos vuelves susceptibles a ser sus víctimas
y romperlo todo
y morir sin dichas
a llorar por tanto, al sentir las despedidas.
Ahora, mis tertulias prolongadas,
son profundas alegrías
espacios para decirlo todo
y callar sin tregua,
ante el asedio del tedio
ante el asedio del tedio
ante las amargas y las dulces salidas.
Endriagos viejos con caminos fértiles
borrachos, en la amapola de concurrencia
opio en las luces de una noche psicodélica
bella e ingente, como un alma que vibra y vuela.
Quizás después de todo
Quizás después de todo
amo ese gusto refinado por escribir que te posee,
ese gusto sazonado con las historias del devenir,
forjado y guisado en la soledad de las promesas,
en las mesas hechas, en las bebidas que dejan huella,
en las tertulias de lo que un día fuimos
forjado y guisado en la soledad de las promesas,
en las mesas hechas, en las bebidas que dejan huella,
en las tertulias de lo que un día fuimos
en nuestras memorias contrapuestas,
desde donde solo cabe decir, gracias por tu compañía.
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