de sus bragas y sus poemas
que envolvía historias
como abrazaderas,
de sus infiernos y sus broches,
de sus orgasmos de primavera,
de sus diástole sin cortes,
del calor de sus caderas.
Comprendía que le escribía
a otros hombres
de sus infiernos y sus broches,
de sus orgasmos de primavera,
de sus diástole sin cortes,
del calor de sus caderas.
Comprendía que le escribía
a otros hombres
sobre el placer de sus ideas,
Ella desprecio el amor de su poeta,
mientras pedía a otros esa luz,
Conocía de sus secretos
aún cuando ella no lo quisiera,
sabia de todo su repertorio,
al final solo fui un verso sin tesoros
sobre sus cuentos y las líneas de Borges,
sobre los libros que le leyera,
que anclaron su pecho
a los signos de sus comparecencias.
Conocía de sus encuentros de media noche,
de una madrugada cualquiera,
al final yo tan solo era una poeta sin nombre
Conocía de sus encuentros de media noche,
de una madrugada cualquiera,
al final yo tan solo era una poeta sin nombre
una voz silenciada por su ausencia.
Ella desprecio el amor de su poeta,
mientras pedía a otros esa luz,
la luz de un poema.
Ella era fabula, cuento y quimera,
Ella era fabula, cuento y quimera,
un brillo en la oscuridad,
una luz en la pradera.
Conocía de sus secretos
aún cuando ella no lo quisiera,
sabia de todo su repertorio,
al final solo fui un verso sin tesoros
y ella una mujer etérea, toda una poeta,
a quien conocí un día cualquiera
un poco más de la cuenta.

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