Amada mía,
en esta ansiedad que me devora,
Amada mía,
latente entre las horas,
donde se enciende,
la locura y las formas
como volcanes e instantes
yo soy pasión
y tu eres otra
sobre, en medio, detrás
y dentro
en tu templo
eyaculo
rompiendo normas.
En este mar de deseos
se deslizan mis manos
y siento la humedad de tu sexo,
mis dedos juegan con ello,
mientras tus senos se endurecen
y tus pezones se convierten en dos arpones
en un erotismo bello.
Provocas excelsos,
en una aglutinación de ansiedades,
de pasiones,
todo bajo el roce de tus labios
y mi boca en tu cuello,
en tu espalda, en tu vientre, en tu centro.
Imagino entonces como mi boca
muerde en pequeñas punzadas
la aureola de tus senos,
viendo como se expanden
las cavidades que se inundan de un mar de deseos
de dulces momentos.
Amada mía,
Amada mía,
sé que este loco destello
sudar sobre ti, en tu cuerpo,
es una fascinación profusa
que se vuelve libido en cada momento,
y hago de cada instante
el más sublime excelso.
Amada mía,
perdona mis obscenidades,
lo que escribo a través del silencio,
necesito desahogarme tan dentro de ti,
eyaculando
en versos.
Ahora, mientras lees esto
y tu pupila se dilatas
mientras se llena tu cuerpo
de una sublime ansiedad,
recordando cada encuentro,
soy mar y soy fuego.
Amada mía,
tengo ganas de gritarle al mundo,
esto que siento
de que algo ocurra,
que me sacude,
para serte sincero,
que al pensarte, ya me estoy viniendo,
desnudando tu cuerpo, tu rostro,
mientras sientes que te vienes,
y gimes, y gritas de tanto misterio.
Amada mía,
te deseo,
te deseo locamente y tan solo espero
el momento
de encerrarnos en cualquier cuarto
y desnudar nuestros sueños,
las palabras que tú y yo conocemos.
Amada mía
esto es algo que no pueda ocultar
y me lleva a escribir lo que puedo
al sentir, al pensar e imaginar,
lo que nos ha pasado de nuevo.
Amada mía,
Amada mía,
soy tu amante, sí,
soy el amante de este vano secreto,
de tus palpitaciones y más profundos misterios,
soy amante de tu mirada,
del sudor en tu cuerpo,
de tu jadeo, de todo tu deseo,
de tu rostro y de tus sueños.
Amada mía,
quizás hemos llegado a excitarnos
en el justo momento,
en que necesitamos huir juntos
a nuestro plácido encuentro.

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