domingo, 4 de agosto de 2013

Carta de un amante



Bogotá, 3 de agosto de 2013.



Amada mía, 
en esta ansiedad que me devora, 
                   latente entre las horas, 
donde se enciende,
la locura y las formas
como volcanes e instantes
yo soy pasión 
y tu eres otra
sobre, en medio, detrás 
y dentro 
en tu templo 
eyaculo 
rompiendo normas.

En este mar de deseos
se deslizan mis manos 
y siento la humedad de tu sexo, 
mis dedos juegan con ello, 
mientras tus senos se endurecen 
y tus pezones se convierten en dos arpones 
                                 en un erotismo bello.

Provocas excelsos, 
en una aglutinación de ansiedades, 
                                     de pasiones,
todo bajo el roce de tus labios 
y mi boca en tu cuello, 
en tu espalda, en tu vientre, en tu centro.

Imagino entonces como mi boca 
muerde en pequeñas punzadas 
la aureola de tus senos, 
viendo como se expanden 
las cavidades que se inundan de un mar de deseos 
de dulces momentos.    

Amada mía, 
sé que este loco destello 
sudar sobre ti, en tu cuerpo,
es una fascinación profusa 
que se vuelve libido en cada momento, 
y hago de cada instante 
el más sublime excelso.

Amada mía, 
perdona mis obscenidades, 
lo que escribo a través del silencio, 
necesito desahogarme tan dentro de ti, 
                                            eyaculando 
                                                en versos.

Ahora, mientras lees esto 
y tu pupila se dilatas 
mientras se llena tu cuerpo 
de una sublime ansiedad, 
recordando cada encuentro,
soy mar y soy fuego.

Amada mía, 
tengo ganas de gritarle al mundo, 
                               esto que siento 
de que algo ocurra, 
que me sacude, 
para serte sincero,  
que al pensarte, ya me estoy viniendo, 
desnudando tu cuerpo, tu rostro, 
mientras sientes que te vienes, 
y gimes, y gritas de tanto misterio.

Amada mía, 
te  deseo, 
te deseo locamente y tan solo espero 
                                        el momento
de encerrarnos en cualquier cuarto 
y desnudar nuestros sueños, 
las palabras que tú y yo conocemos.

Amada mía
esto es algo que no pueda ocultar 
y me lleva a escribir lo que puedo 
al sentir, al pensar e imaginar, 
lo que nos ha pasado de nuevo.

Amada mía, 
soy tu amante, sí, 
soy el amante de este vano secreto, 
de tus palpitaciones y más profundos misterios, 
soy amante de tu mirada, 
del sudor en tu cuerpo, 
de tu jadeo, de todo tu deseo, 
de tu rostro y de tus sueños. 

Amada mía, 
quizás hemos llegado a excitarnos 
en el justo momento, 
en que necesitamos huir juntos 
a nuestro plácido encuentro.

         

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