a reconocer la distancia
los hilos invisibles de la memoria
la figura onírica del alma.
Me distancié de las palabras
de los deseos
de la fuerza por nombrarla
abracé mi pensamiento
su raíz, la calma
-ame su magia.
Profundice en su aguda mirada
descubrí un universo,
infinitas pléyades, mascarás,
vacíos prósperos,
cruce verdades y atestigüe
con rudeza,
las lecciones que pagaba.
En medio de todo
me perdoné por tosco
y sane las rabias,
había que hacerlo,
no sea, me dominarán.
Abrace la prudencia
y me despedí del tiempo
que nos cruzara
así voy sintiendo alivio
en las orillas de la nada.

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